Curso fotograf?a isla de gran canaria

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El Archivo Nacional de Cataluña tiene previsto ingresar esta semana el fondo del fotógrafo Manel Armengol, en calidad de depósito provisional y preventivo. Solo, de noche, en medio de la montaña y una intensa nevada, sin agua, el protagonista sufre un ataque de pánico y después se acurruca en unas mantas y se prepara para morir. Durante toda la secuencia, las viñetas muestran sobre un fondo gris la silueta en negro del protagonista y su caballo. Intensa en nuestro interior, pero casi siempre intrascendente para todo aquello y todos aquellos que nos rodean, invisible al ojo de la cámara. Así que hace tres años así encontré en este cómic el regalo perfecto para él, y le cogí el primer volumen.

Por supuesto, las presencia de muchas fotografías insertas en la obra, con forma y tamaño de viñetas normales, son una de las características que definen El fotógrafo. Acabar de entender cómo funciona dentro del cómic un código visual tan antagónico al dibujo como es la fotografía, es algo que se me escapa. No tengo la preparación necesaria para tratar este aspecto de forma analítica, pero lo que sí me parece claro es que El fotógrafo no está concebido como un experimento formal y no pretende abrir el cómic a la utilización de la fotografía. Rayco Pulido usaba la fotografía en Sin título como un juego de espejos entre realidad y ficción.

Porque la fotografía en El fotógrafo es parte indisoluble e ineludible de esta obra, una obra en la que el protagonista constantemente filtra la realidad a través de su cámara. Cuando Art Spiegelman introduce algunas fotografías en Maus, está refrendando una realidad que él no conoció, y lo hace al final de la obra para no romper la ilusión construida a través de la iconicidad del dibujo. Un doble lenguaje visual perfectamente conjuntando para contar unas historia que no debemos olvidar.

Lefèvre y Guibert pretenden casi lo contrario, da la sensación de que la historia comprendida en el libro, real, vivida en primera persona, es la que cuentan las fotografías, y que el dibujo, sintético y de base fotográfica, es el artificio necesario para darles continuidad narrativa. Por todo esto, por mucho que yo cambie como lector y por mucho que nuevas obras se adentren en senderos inexplorados, no encontraré, no habrá otra historia como El fotógrafo.

Del pueblo afgano, de su forma de vida, de la guerra afgano-soviética, de la labor humanitaria de Médicos Sin Fronteras, del compromiso y la entrega, del dolor, la mutilación y la muerte violenta aleatoria. Todo eso y más cabe en El fotógrafo, en sus dibujos y sus fotografías, y es lo que en última instancia da forma al viaje de Lefèvre y lo convierte en una experiencia vital de enorme valor humano que trasciende su propia persona.

Mi padre es fotógrafo aficionado (muy bueno, que para eso es mi padre) y además simpatiza con Médicos Sin Fronteras. Es posible que haga falta cierto bagaje como lector de cómics para sacarle todo el jugo a El fotógrafo y disfrutar de lo que aporta al medio narrativo. La memoria de los que sufrieron la violencia nazi conservada en cómics para que nosotros la conozcamos y no olvidemos.

Octavio, es cierto, hay ya unas cuantas obras que integran la fotografía de forma más menos orgánica en su discurso, pero lo de El fotógrafo es caso aparte. Marjane Satrapi (Irán, 1969) publicó en 2000 el primer tomo de su Persépolis, una novela gráfica que ha recibido el reconocimiento de todo el mundo del cómic. Y lo hizo narrando las andanzas de Helen Potter, una adolescente que huye del hogar para escapar de los abusos de su padre.

Marjane Satrapi encontró con Persépolis una fórmula eficaz para narrar la experiencia personal en situaciones de conflicto: relato autobiográfico desde una perspectiva infantil, crónica de la vida familiar, explicación de los procesos históricos y la vivencia del exilio, como única solución posible. Beirut (publicadas en España por Sins entido) se han valorado, injustamente a nuestro juicio, como «imitaciones» de Persépolis. El dibujo es ya el del Bilal de la trilogía La feria de los inmortales la tetralogía del Monstruo. Uno de los mejores tebeos sobre nuestra Guerra Civil, vista desde la retaguardia de una República ya agonizante.

También emplea otras formas la última de las autoras que vamos a citar, Rutu Modan (Israel, 1966), quien recurre en Metralla (editado por Sins entido) a la novela gráfica convencional; sin embargo, en cada momento del relato está presente el conflicto entre palestinos e israelíes. Con un estilo gráfico duro, con perfiles expresionistas, Fidel Martínez dibuja las historias escritas por Jorge García, en las que se recupera la memoria de la dura represión que, tras la Guerra Civil, sufrieron las mujeres del bando perdedor. Como todo lo que publica Barbara Fiore, el libro es de bella factura y edición impecable… Y caro.

De sus recuerdos de niño de la posguerra extrae el argumento para estas memorias amargas, divertidas, dolorosas, que reflejan mejor que un libro de historia cómo era el ambiente moral en la España de Franco. Dura denuncia de las condiciones de vida en los territorios palestinos que ocupó Israel durante muchos años y que sirve aún como testimonio para entender aspectos de un largo conflicto, que se prolonga en un presente sin esperanza para el pueblo palestino.